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= Viernes 30 de Julio, 2010
Eres justo, Señor, y rectos son tus mandamientos
Feria de la 17a. S. T. O. o memoria libre de san Pedro Crisólogo, obispo y doctor de la Iglesia
Escúchanos, Señor, conforme a tu clemencia
Antífona de Entrada
Eres justo, Señor, y rectos son tus mandamientos. Muéstrate bondadoso conmigo y ayúdame a cumplir tu voluntad.
Oración Colecta
Oremos:
Señor, que
te has dignado redimirnos y hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre y haz que cuantos creemos en Cristo, obtengamos
la verdadera libertad
y la herencia eterna.
Por nuestro
Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
Lectura del libro
del profeta
Jeremías (26, 1-9)
Al principio del reinado
de Joaquín, hijo de Josías y rey de Judá, el Señor le habló a Jeremías y le dijo: “Esto dice el Señor: ‘Ve al atrio
del templo y diles a todos los habitantes de Judá que entran
en el templo para adorar al Señor, todas las palabras que yo
te voy a ordenar, sin omitir ninguna. A ver si las escuchan
y se convierten de su
mala vida, y me arrepiento
del castigo que he pensado imponerles a causa de sus malas
acciones’.
Diles, pues: ‘Esto dice el Señor: Si no me
obedecen, ni cumplen la ley que he dado, ni escuchan las
palabras de mis siervos, los profetas, que sin cesar les he enviado y a quienes ustedes no han escuchado, entonces yo trataré a este templo como
al de Siló y haré que esta ciudad sirva de escarmiento para todos los pueblos de la
tierra’ ”.
Los sacerdotes, los profetas y el pueblo oyeron
a Jeremías pronunciar estas palabras en el templo del Señor. Y cuando él terminó de decir cuanto el Señor le había mandado, los sacerdotes y los profetas lo apresaron, diciéndole al pueblo: “Este
hombre debe morir, porque ha profetizado en nombre del Señor que este templo
será como el de Siló y que esta ciudad será destruida y quedará deshabitada”.
Entonces la gente se amotinó contra Jeremías en
el templo del Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos,
Señor.
Salmo Responsorial Salmo 68
Escúchanos, Señor,
conforme a tu clemencia.
Son más
que mis cabellos los
que me odian sin tener un motivo y más fuertes que
yo los que pretenden con sus calumnias acabar conmigo.
Lo que
yo no robé, ¿acaso tengo yo
que restituirlo?
Escúchanos, Señor,
conforme a tu clemencia.
Por ti
he sufrido injurias y
la vergüenza cubre mi semblante. Extraño soy y advenedizo, aun para aquellos de mi propia sangre; pues me devora el celo de tu casa, el odio del que te odia, en mí
recae.
Escúchanos, Señor,
conforme a tu clemencia.
A ti,
Señor, elevo mi plegaria, ven en mi ayuda pronto; escúchame conforme a tu clemencia, Dios fiel en el socorro.
Escúchanos, Señor,
conforme a tu clemencia.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
La palabra de Dios permanece para siempre. Y ésa es la palabra que
se les ha anunciado.
Aleluya.
Evangelio
† Lectura
del santo Evangelio
según san Mateo (13, 54-58)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra
y se puso a enseñar a
la gente en la sinagoga,
de tal forma, que todos estaban asombrados y
se preguntaban: “¿De dónde ha
sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿Acaso no es éste
el hijo del carpintero?
¿No se llama María su madre y no son sus hermanos Santiago, José, Simón
y Judas? ¿Qué no viven
entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?” Y se negaban a creer en él.
Entonces, Jesús les dijo:
“Un profeta no es despreciado más que en su
patria y en su casa”. Y no hizo
muchos milagros allí por la incredulidad de
ellos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración sobre las Ofrendas
Dios nuestro,
fuente de la paz y del
amor sincero, concédenos glorificarte por estas ofrendas,
y unirnos fielmente a ti por la participación en esta Eucaristía.
Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Amén.
Prefacio Común
II
La salvación
por Cristo
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo
y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro
deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Pues por amor
creaste al hombre, y, aunque
condenado justamente,
lo redimiste por tu misericordia. Por Cristo nuestro Señor.
Por él, los ángeles y arcángeles, y todos los coros celestiales celebran tu gloria, unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza:
Santo, Santo,
Santo...
Antífona de la Comunión
Como la cierva busca el agua de los ríos, así, sedienta, mi alma te busca a ti, Dios mío.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Tú que
nos has instruido con tu palabra y alimentado con
tu Eucaristía, concédenos, Señor, aprovechar estos dones para que
vivamos aquí unidos a tu Hijo
y podamos, después, participar de su vida inmortal.
Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Amén.