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Martes 15 de mayo de 2012
Isidro, Denise
Hechos 16,22-34: Cree
en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia
Salmo responsorial 137:
Señor, tu derecha me salva.
Juan 16,5-11: Si no me voy, no
vendrá a ustedes el Defensor
La acción del Espíritu es fundamental en la
vida del ser humano, pues es la fuerza que anima y sostiene su
existencia; es el soplo divino que hace que el cuerpo inerte se convierta
en un ser operante dador de vida; es la manifestación plena de la
conciencia humana, elemento que diferencia al hombre de todo ser vivo. La
partida de Jesús al Padre es motivo para que los discípulos se dejen
habitar por la fuerza del Espíritu, convirtiendo a la comunidad en la
habitación o morada del Espíritu de Dios; uniéndola, de esta manera, a él
para provocar en ella la misma vida y misión de Cristo. Con este viento
renovador que invade y dinamiza la comunidad, los discípulos tendrán la
capacidad de desenmascarar el pecado del mundo, de anunciar la verdadera
justicia de Dios y condenar las obras injustas del mundo provocadas por
los líderes del mal. Hoy el Espíritu otorga a los que creen en Jesús una
conciencia clara frente a las propuestas del “mundo”, denunciando así,
por medio de la vivencia del amor, el gran pecado de la sociedad: centrar
los intereses y las voluntades en el ámbito de lo individual y no en el
ámbito de lo común, de lo que nos interesa a todos.
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