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= Martes 27 de Julio, 2010
Ten piedad de mí, Dios mío
Feria de la 17a. semana del Tiempo Ordinario
Yo soy la luz del mundo,
dice el Señor
Antífona de Entrada
Escucha, Señor,
y respóndeme; salva a tu siervo que
confía en ti. Ten piedad de mí, Dios mío,pues
sin cesar te invoco.
Oración Colecta
Oremos:
Dios nuestro,
tú que puedes darnos un mismo
querer y un mismo sentir, concédenos a todos amar lo que
nos mandas y anhelar lo que nos prometes para
que, en medio de las preocupaciones de esta vida, pueda
encontrar nuestro corazón la felicidad verdadera.
Por nuestro
Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
Lectura del libro
del profeta
Jeremías (14, 17-22)
Que mis ojos
lloren sin cesar de día y de noche, porque la capital de mi pueblo está afligida por un
gran desastre, por una herida gravísima. Si salgo al campo, encuentro gente muerta por
la espada; si entro en la ciudad, hallo gente
que se muere de hambre. Hasta los profetas y los sacerdotes andan errantes por el país y no saben qué hacer.
¿Acaso has rechazado, Señor, a Judá? ¿O te
has cansado ya de Sión? ¿Por qué
nos has herido tan gravemente, que ya no tenemos remedio? Esperábamos tranquilidad y sólo hay perturbación; esperábamos la
curación y sólo encontramos miedo.
Reconocemos, Señor,
nuestras maldades y las culpas de nuestros padres; hemos pecado contra ti.
Por ser tú
quien eres, no nos rechaces;
no deshonres el trono de
tu gloria. Acuérdate, Señor, de tu alianza
con nosotros y no la quebrantes. ¿Acaso los ídolos
de los paganos pueden hacer llover? ¿Acaso los cielos,
por sí solos, pueden darnos la lluvia? Tú solo, Señor y Dios nuestro, haces todas estas
cosas, por eso en ti tenemos
puesta nuestra esperanza.
Palabra de Dios.
Te alabamos,
Señor.
Salmo Responsorial Salmo 78
Socórrenos, Señor,
y te
alabaremos.
No recuerdes,
Señor, contra nosotros,
las culpas de nuestros padres. Que tu amor venga pronto a socorrernos, porque estamos totalmente abatidos.
Socórrenos, Señor,
y te
alabaremos.
Para que
sepan quién eres, socórrenos, Dios y salvador nuestro.
Por el honor de tu nombre, sálvanos y perdona nuestros pecados.
Socórrenos, Señor,
y te
alabaremos.
Que lleguen
hasta ti los gemidos del cautivo; con tu brazo poderoso
salva a los condenados
a muerte. Y nosotros,
pueblo tuyo y ovejas de
tu rebaño, te daremos
gracias siempre y de generación
en generación te alabaremos.
Socórrenos, Señor,
y te
alabaremos.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo; todo aquel que
lo encuentra vivirá para siempre.
Aleluya.
Evangelio
† Lectura
del santo Evangelio
según san Mateo (13,
36-43)
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo, Jesús despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos
y le dijeron: “Explícanos
la parábola de la cizaña
sembrada en el campo”.
Jesús les contestó:
“El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre; el
campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del demonio; el enemigo que la siembra es el demonio; el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son
los ángeles.
Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de
su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en
el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.
Entonces los justos brillarán como
el sol en el Reino de su Padre.
El que tenga
oídos, que oiga”.
Palabra del
Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración sobre las Ofrendas
Dios nuestro,
que por medio de
un sacrificio único, el de Cristo
en la Cruz, nos has adoptado
como hijos tuyos, concede siempre a tu Iglesia el don de la unidad y de la paz.
Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Amén.
Prefacio Común
IX
La gloria
de Dios es el hombre
viviente.
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo
y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber
y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Tú eres el Dios vivo y verdadero; el universo está lleno de tu presencia, pero sobre todo has dejado la huella de tu gloria en el hombre, creado a tu imagen.
Tú lo llamas a cooperar con
el trabajo cotidiano en
el proyecto de la creación y
le das tu Espíritu para que sea artífice de justicia y de paz, en Cristo, el hombre nuevo.
Por eso, unidos
a los ángeles y a los santos, cantamos con alegría el himno de tu alabanza:
Santo, Santo, Santo…
Antífona de la Comunión
La tierra está llena, Señor, de
dones tuyos, de ti proviene el pan y el vino
que alegra el corazón humano.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Completa, Señor,
en nosotros la obra redentora de tu amor y danos la fortaleza y generosidad necesarias para que podamos
cumplir en todo tu santa voluntad.
Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Amén.